La escalada del conflicto en Medio Oriente ha dejado de ser una noticia distante para convertirse en un factor determinante en la estructura de costos y precios del agro sudamericano. En un escenario donde el petróleo superó los USD 120, el impacto se traslada de forma inmediata a la logística global y, fundamentalmente, al costo de los insumos básicos. Para Argentina, esta realidad es un arma de doble filo. Mientras los granos alcanzan sus niveles más altos en años, la producción enfrenta una presión asfixiante por el encarecimiento de la urea, cuyo valor está atado al gas natural que fluye por el estratégico Estrecho de Ormuz, “llave de paso” por donde circula el 20% del comercio mundial de Gas Natural Licuado (GNL) y un tercio del comercio de fertilizantes. Dado que el GNL explica el 80% del costo de producción de la urea, el agro sudamericano —altamente dependiente de las importaciones— enfrenta un encarecimiento directo de su principal nutriente. El Estrecho de Ormuz no es solo un punto geográfico en el mapa de Medio Oriente; es, en términos prácticos, el pulmón del sistema de fertilización argentino.
Además, en Argentina, donde el maíz y el trigo concentran el 70% del consumo de fertilizantes, la suba de la urea representa un desafío productivo inmediato. Por eso el maíz surge como el cultivo más vulnerable en esta coyuntura, debido a su alta dependencia de fertilizantes nitrogenados y su estrecha vinculación con el mercado del etanol. En nuestro país, donde el 50% de los fertilizantes son importados, el riesgo es tangible; ya que tan solo en 2025, el país destinó más de USD 2.000 millones a este rubro. Si bien el trigo local vislumbra una oportunidad dorada de cara a la próxima campaña por sus precios al alza, la soja y el maíz ya comercializados limitan la capacidad de capturar plenamente esta renta extraordinaria.
No obstante, Sudamérica se consolida como un refugio de abastecimiento para potencias como China, que busca diversificar riesgos ante la inestabilidad energética. Sin embargo, la ventaja competitiva de la región podría diluirse si los costos de fletes y seguros marítimos continúan su carrera alcista.
En última instancia, la rentabilidad del productor argentino no dependerá solo del clima o la demanda, sino de una “prima geopolítica” que hoy dicta las reglas desde el Golfo Pérsico, generando una dinámica de pinzas: Por un lado, mejora el precio de venta de commodities (soja, maíz, trigo) por la incertidumbre global, y por el otro, eleva el costo de sus insumos básicos, como la urea, cuyo precio “se recalienta” debido a su dependencia directa del gas y el petróleo afectados por el conflicto.
2026-03-23

